Hay una conversación que nadie quiere tener en las agencias, pero que aparece sola cada pocos meses. Es la que se abre cuando alguien del equipo avisa que se va. A veces es alguien clave. A veces es alguien que recién había empezado a tomar vuelo. Casi siempre es alguien que el cliente conocía por nombre.
Cuando pasa, la primera reacción suele ser la misma: lo vimos venir, pero no a tiempo.
La industria creativa convive con una rotación anual que ronda el 60%. No es un dato cualquiera. Es uno de los sectores con más fuga de talento del mundo. Y detrás de cada salida hay un proyecto que se retrasa, un cliente que pregunta por qué cambió su ejecutivo, un conocimiento que se va sin que nadie lo haya documentado.
El problema no es nuevo. Lo nuevo es entender que la rotación rara vez explota. Se construye despacio, en silencio, en lugares que no se miran. Una persona que carga el doble que el resto durante tres meses sin que nadie lo note. Un ejecutivo que termina ordenando los pedidos del cliente porque no llegan organizados. Un equipo que llega al viernes arrastrando los pies, pero que en la reunión de status dice que todo está bien.
Esa zona gris, entre lo que se siente y lo que se puede demostrar, es donde se incuba la próxima salida.
“"El problema no es trabajar mucho. El problema es trabajar sin visibilidad", afirma Camila Brando, Business Executive en Sancho BBDO.
Durante años el debate fue cultural. Que si las frutas en la oficina, los viernes cortos, los rituales de equipo. Pero hay una pregunta más básica que casi nadie se hace: cuando alguien del equipo está al borde, ¿lo sabemos antes de que renuncie, o lo sabemos cuando ya escribió el correo?
La diferencia entre una cosa y la otra no es de sensibilidad del líder. Es de visibilidad. Liderar a ojo funciona hasta que el equipo crece, hasta que las cuentas se multiplican, hasta que el mes se vuelve impredecible. A partir de ahí, la intuición del manager empieza a quedarse corta sin aviso.
Cuidar al equipo dejó de ser un valor declarado. Es una práctica diaria que necesita información para sostenerse. Lo demás es esperar que el problema se nombre solo, generalmente cuando ya es tarde.
¿Quieres saber más?
Camila Brando, Business Executive de Sancho BBDO, contó cómo su equipo pasó de tener dos salidas mensuales a sostener cero rotación durante más de ocho meses. No fue una transformación cultural grande, fueron decisiones diarias que hicieron visible algo que antes nadie estaba mirando.
Esa charla quedó recogida en un ebook breve, de 12 minutos de lectura [descargar ebook]. Vale la pena para quien dirige un equipo y siente que la próxima salida ya está incubándose, aunque todavía no tenga nombre.
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