Son las siete de la tarde de un jueves. La pieza ya estaba aprobada. Pero llegó un mail del cliente, con copia a alguien nuevo que nadie en la agencia conocía, pidiendo "unos ajustes menores". El diseñador abre el archivo por tercera vez esta semana. El redactor reescribe un claim que ya había reescrito. La cuenta arma un cronograma nuevo que corre la entrega al lunes.
Nadie en esa escena está haciendo algo mal. Todos están trabajando, y mucho. El problema es que están trabajando sobre algo que ya estaba hecho.
Eso es el retrabajo. Y en la mayoría de las agencias de la región no es una excepción: es parte del paisaje, tan habitual que dejó de verse.
El retrabajo no aparece en ninguna factura
Hay horas que se venden y horas que se regalan. Las primeras quedan registradas en una propuesta, en un fee, en un contrato. Las segundas se diluyen en el día a día: la ronda de cambios número cuatro, la presentación que se rehizo porque cambió el interlocutor del cliente, el video que se volvió a editar porque el brief original no decía lo que el cliente realmente quería.
Esas horas tienen un costo exacto. Alguien las trabajó, alguien cobró un sueldo por ellas, alguien dejó de hacer otra cosa mientras tanto. Lo que no tienen es un lugar en los números de la agencia. No aparecen en la factura, no aparecen en el reporte mensual y casi nunca aparecen en la conversación con el cliente.
Por eso el retrabajo es tan peligroso. No se siente como pérdida. Se siente como "así es este trabajo".
Lo que dicen los números
En el COR Report 2026 le preguntamos a las agencias qué porcentaje del tiempo de su equipo se va en retrabajos. Las respuestas dibujan un escenario que muchos líderes intuyen pero pocos dimensionan.
Casi la mitad, el 49,4%, ubica su retrabajo entre el 15% y el 40% del tiempo del equipo. Un 8,7% va más lejos y reconoce que está en el 40% o más.
Conviene traducir eso a algo concreto. Una agencia de 20 personas trabaja unas 3.200 horas al mes. Si el retrabajo ocupa el 15%, son 480 horas: tres personas dedicadas a tiempo completo a rehacer cosas. Si ocupa el 25%, son cinco personas. Si llega al 40%, son ocho. Ocho sueldos, ocho puestos de trabajo, pagados por la agencia para volver a hacer lo que ya estaba hecho.
Ninguna agencia contrataría ocho personas para eso a propósito. Pero muchas las están pagando igual.
Una de cada cuatro agencias no sabe cuánto rehace
El dato más inquietante del informe no es cuánto retrabajo hay. Es cuánto no se ve.
Un 27% de las agencias no mide su retrabajo. El 14,6% responde directamente "no lo sé" y el 12,7% dice "no llevo la cuenta". Es decir, más de una de cada cuatro agencias no puede decir si pierde el 5% o el 45% del tiempo de su equipo en volver sobre trabajo terminado.
Y lo que no se mide tiende a crecer sin resistencia. Si nadie sabe cuántas rondas de cambios tuvo un proyecto, nadie puede decir en qué momento se pasó de lo razonable. Si nadie registra qué retrabajo vino de un brief incompleto y cuál de un error interno, nadie puede corregir ni lo uno ni lo otro. El retrabajo invisible no se discute, no se cobra y no se previene. Solamente se absorbe.
De dónde sale
Cuando se mira de cerca, el retrabajo casi nunca nace de la falta de talento. Nace de la forma en que el trabajo entra, circula y se aprueba. Algunos orígenes se repiten en casi todas las agencias:
Briefs que dicen poco. Un brief de dos líneas no ahorra tiempo, lo posterga. Lo que no se definió al principio se define después, sobre piezas ya producidas.
Aprobaciones sin dueño. Cuando del lado del cliente opinan cinco personas y ninguna tiene la última palabra, cada ronda de feedback abre una nueva. La pieza no avanza, gira.
Alcance que crece en silencio. "Ya que estamos, sumemos una versión para stories." Cada pedido pequeño parece inofensivo. Sumados, cambian el proyecto sin que nadie haya cambiado el presupuesto.
Cambios de interlocutor. Un nuevo gerente de marketing llega con su propia visión y la campaña aprobada vuelve a la mesa. El trabajo anterior no se usa, pero tampoco se reconoce.
Fallas internas de traspaso. Información que se quedó en una llamada, un comentario que no llegó al equipo creativo, una versión equivocada del archivo. Acá el retrabajo es propio, y justamente por eso cuesta más nombrarlo.
Lo que le hace al equipo
El costo del retrabajo no es solo económico. Hay algo que se desgasta cada vez que alguien reabre un archivo que creía cerrado.
Los equipos creativos entran a esta industria para hacer cosas nuevas. Cuando una parte importante de la semana se va en deshacer y rehacer, el trabajo empieza a sentirse como una rueda. Las horas extra se normalizan, las entregas se corren, y la energía que debería ir a la próxima gran idea se gasta en la versión siete de una pieza que ya estaba bien en la versión dos.
A eso se suma algo más difícil de ver: el retrabajo desplaza el trabajo que sí importa. Cada hora dedicada a rehacer es una hora que no se dedicó a pensar mejor para ese cliente, a desarrollar un nuevo servicio o a formar a alguien del equipo. Cuando la gente buena se va de una agencia, pocas veces dice "me fui por el retrabajo". Pero muchas veces es parte de la historia.
Lo que le hace al margen y a la negociación
En términos de negocio, el retrabajo es margen que se evapora en silencio. Un proyecto presupuestado con cierta rentabilidad puede terminar en cero, o en rojo, sin que nadie haya tomado una decisión equivocada. Solo hicieron falta algunas rondas de más.
Y ahí aparece el problema más grande. Cuando llega la renovación del contrato y el cliente pide bajar el fee, la agencia necesita argumentos. Pero si no sabe cuántas rondas de cambios fuera de alcance hubo, cuántas horas se fueron en rehacer entregables ya aprobados ni cuánto le costó realmente ese cliente, no tiene con qué sostener su precio. Lo que no se puede mostrar, termina concediéndose.
Así, el retrabajo golpea dos veces. Primero, cuando se hace. Después, cuando no se puede cobrar ni defender.
Por dónde empezar
No existe una agencia con cero retrabajo, y tampoco sería sano buscarla. Parte del proceso creativo es iterar. La pregunta no es cómo eliminarlo, sino cómo dejar de pagarlo a ciegas.
El primer paso es el menos glamoroso: medirlo. Saber cuántas horas se van en rehacer, en qué clientes, en qué tipo de proyectos. Con ese número sobre la mesa, las conversaciones cambian.
El segundo es distinguir su origen. No es lo mismo el retrabajo que genera un brief incompleto que el que genera un error interno. El primero se conversa con el cliente; el segundo se resuelve adentro.
El tercero es ponerle nombre en los acuerdos. Cuántas rondas de cambios incluye cada entregable, qué pasa después de esa ronda, quién aprueba del lado del cliente. No para ponerse rígidos, sino para que cada hora extra sea una decisión visible y no una costumbre.
Eso es lo que hace COR: reúne las horas, los costos y los proyectos en un mismo lugar, para que puedas ver cuánto tiempo se va en retrabajo, en qué clientes pasa y cuánto margen se lleva, mientras el proyecto todavía está en curso. Más de 1.000 agencias lo usan para dejar de absorber horas que nadie ve y llegar a cada negociación con datos propios.
Para seguir
Si quieres ver cómo está el resto de la industria, el COR Report 2026 reúne datos de miles de agencias sobre horas, rentabilidad y adopción de AI.
Y si prefieres empezar por tu propio número, puedes calcular la rentabilidad de tu agencia en cinco minutos.
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